El progreso surge de la reutilización de conexiones conocidas
El progreso a menudo surge no porque una persona obtenga información completamente nueva, sino porque aprende a utilizar de una manera nueva las conexiones, métodos y sistemas ya conocidos.
El mecanismo básico se describe aquí en el concepto «Lo conocido como herramienta para investigar lo desconocido»: una persona utiliza elementos ya dominados para comprender aquello que aún no conoce.
Pero el progreso comienza allí donde esta capacidad va más allá de cerrar una brecha específica. Lo conocido se comienza a transferir deliberadamente a otro contexto, a invertir, combinar, extraer del sistema original e integrar en nuevos sistemas.
Se pueden destacar varios mecanismos típicos de dicho progreso.
Transferencia. Un principio conocido se aplica en otro ámbito. Los métodos matemáticos pasan a la física, los principios físicos a la ingeniería, los modelos estadísticos a la biología o la economía.
Composición. Varios sistemas ya conocidos se combinan de tal manera que surge una nueva capacidad que ninguno de ellos tenía por separado.
Inversión de la conexión. Si se sabe cómo un sistema transforma la entrada en salida, se puede utilizar la salida observada para buscar una posible entrada, causa o estado oculto.
Extracción del subsistema. Una parte del sistema se destaca como un componente reutilizable independiente y luego se incluye en otro sistema.
Cambio de escala o límite. Un principio ya conocido se examina a otro nivel: como parte de un sistema más grande o como un sistema que se puede descomponer en elementos más pequeños.
La historia de la tecnología está llena de estos ejemplos. Un motor puede ser parte de un automóvil, pero ese mismo principio de conversión de energía se transfiere a otros sistemas. Un algoritmo creado para una tarea se reutiliza en otra. Un método científico desarrollado en una disciplina se convierte en herramienta de otra.
Por lo tanto, el progreso puede considerarse como el desarrollo de la capacidad de ver en lo conocido no solo una respuesta predeterminada, sino un conjunto de oportunidades reutilizables.
Para ello, no basta con recordar un hecho o una fórmula. Es necesario comprender la estructura: qué es exactamente lo que funciona, qué condiciones son necesarias, qué se puede separar del contexto original, qué conexiones son esenciales y cuáles son fortuitas.
Es precisamente por esto que el pensamiento sistémico es especialmente importante para el progreso. Permite preguntar:
- qué oportunidades ofrece este sistema;
- cuáles son sus necesidades y limitaciones;
- qué partes se pueden reutilizar por separado;
- con qué otros sistemas son compatibles;
- es posible desplegar una conexión conocida en dirección opuesta;
- qué cambiará si se transfiere a otro contexto;
- qué nuevo sistema se puede ensamblar a partir de componentes ya existentes.
Bajo esta comprensión, el progreso no es simplemente la acumulación de una mayor cantidad de conocimientos. Es el crecimiento de la capacidad de reutilizar lo ya comprendido para crear nuevos conocimientos, métodos, herramientas y sistemas.
Por lo tanto, dos personas con el mismo conjunto de hechos pueden tener un potencial de progreso diferente: una utiliza el conocimiento solo en su contexto original, la otra ve en él estructuras transferibles y nuevas combinaciones.