Lo conocido: herramienta de investigación de lo desconocido
Una nueva comprensión rara vez surge de la nada. Casi siempre, una persona ya posee una parte del sistema: objetos familiares, palabras, acciones, patrones, métodos de verificación, relaciones causales o conceptos previamente dominados. Por lo tanto, lo desconocido puede investigarse a través de lo conocido.
Esto no significa que cualquier conocimiento nuevo pueda derivarse mecánicamente del antiguo. Se trata de otra cosa: los elementos del sistema ya dominados se convierten en herramientas con las cuales se puede localizar una brecha, construir una hipótesis, verificar una conexión o restaurar la parte faltante.
Si se conocen la entrada, la salida y una parte de la transformación entre ellas, se pueden investigar los elementos desconocidos de esa cadena. Si se conoce la causa, se pueden estudiar las consecuencias. Si se observa una consecuencia, se pueden buscar posibles causas. Si se conoce una parte de la estructura, se puede utilizar como clave para el resto de la estructura.
Este principio es especialmente importante en el aprendizaje. En lugar de darle a una persona aún más información nueva, es útil determinar primero:
- qué ya comprende;
- qué sabe hacer;
- qué conexiones entre los elementos conocidos ya son estables;
- qué brecha exacta impide dar el siguiente paso;
- qué parte conocida del sistema se puede utilizar como apoyo para cerrar esa brecha.
De este modo, no solo se reduce el volumen de explicación, sino también la verdadera complejidad cognitiva de la tarea: la nueva información se une a un sistema que ya está funcionando, en lugar de crear un conjunto paralelo de hechos inconexos.
Un ejemplo de esto es la lectura. Un niño puede conocer un objeto, su imagen, su significado y la palabra oral, pero no entender la forma escrita. Entonces, la tarea de aprendizaje no es volver a explicar todo el objeto y el lenguaje, sino construir la conexión faltante entre el contenido ya conocido y el código escrito.
El mismo principio funciona en las matemáticas, la programación, el diagnóstico y la investigación. Una fórmula conocida ayuda a derivar una cantidad desconocida; el comportamiento conocido de un programa ayuda a localizar un error; un síntoma observado ayuda a buscar una posible causa; la estructura familiar de un problema ayuda a reconocer un nuevo caso particular.
Es importante saber cambiar la dirección del razonamiento. Para el sistema, es útil preguntar:
- qué se conoce en la entrada;
- qué se conoce en la salida;
- qué transformaciones entre ellos ya se comprenden;
- qué de lo conocido se puede utilizar para restaurar lo desconocido;
- se puede utilizar una conexión conocida en dirección inversa;
- qué parte del sistema se puede transferir a otro contexto.
En este sentido, lo conocido no es solo una reserva acumulada de conocimientos, sino una herramienta activa de investigación.
El desarrollo de esta capacidad puede ir más allá del aprendizaje y convertirse en uno de los mecanismos del progreso, cuando las conexiones conocidas no solo ayudan a comprender lo desconocido, sino que también se utilizan para crear nuevos sistemas, métodos y oportunidades.
Este principio también está estrechamente relacionado con el pensamiento sistémico: para utilizar lo conocido como herramienta, es necesario ver qué partes del sistema están conectadas, qué roles desempeñan y qué elementos son realmente relevantes para la tarea actual.